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viernes, noviembre 21, 2008

Las roturas sentimentaless son malas para la salud

Un estudio indica que las roturas sentimentales pueden añadir literalmente dolor y humillación a la pérdida, incrementando drásticamente el riesgo de depresión.
En este gran estudio para dictaminar el papel que los eventos estresantes juegan en el desencadenante de la depresión, ansiedad o una combinación de ambos, los investigadores indican que el riesgo de depresión es doble cuando un episodio de humillación se complica junto a una grave pérdida.
"Por ejemplo, si su matrimonio se rompe, es una pérdida y, por tanto, es razonable que se experimenten sentimientos de pena, incluyendo tristeza y pérdida de apetito”, dice el investigador Dr. Kenneth S Kendler, profesor de psiquiatría en la Universidad de Virginia.
"Si su matrimonio se rompe y su marido se traslada a una casa unas puertas más allá con una mujer mucho más joven que usted, y presume de su nueva compañera con amigos y familia—es una pena combinada con humillación. La mayoría de los casos de roturas románticas llevan asociadas ambas".
Utilizando una escala de cinco puntos, los investigadores relacionan el impacto de varios acontecimientos de vida estresantes basados en entrevistas a un grupo de 7.322 hombres y mujeres divididos en cuatro categorías:
• Humillación (tales como roturas por infidelidad)
• Engaño (un acontecimiento que hace que la persona se siente atrapado en una situación estresante)
• Pérdida (muerte de un ser querido)
• Peligro (miedo de que un acontecimiento traumático va a ocurrir)
El estudio demostró que el riesgo de depresión o ansiedad/depresión era significativamente alto en los meses en los que se soportaron grandes cantidades de pérdida y humillación, especialmente cuando se involucraba en una rotura sentimental.
Por ejemplo, el riesgo de depresión en un mes en el que tuvo lugar una rotura iniciada por la otra persona u originada por una infidelidad o violencia fue de alrededor del 20% en comparación con un 10% de riesgo de depresión en el mes en el que un ser querido murió, sin ocurrir humillación alguna.
“El amor puede hacer nuestra vida maravillosa, pero también nos la puede hundir” dice Kendler.
Otros hallazgos del estudio incluyen: Un episodio de ansiedad parece más propenso a producirse durante el mes siguiente al que se han producido grandes episodios de pérdidas y peligro. El engaño, en contraste, origina depresión y ansiedad dentro del mes en el que se desencadenaron los acontecimientos. Sin embargo, y a pesar de que los efectos de pérdida y humillación incrementan el riesgo de depresión en el mismo mes del suceso, el impacto de peligro en desencadenar una enfermedad mental se prolonga en el tiempo.
Archives of General Psychiatry
American Journal of Public Health

viernes, octubre 31, 2008

Depresión en personas mayores

A medida que vamos cumpliendo años se cree que es normal o se espera de alguna forma que la persona se vuelva más y más depresiva. ¡Pero eso no es cierto!
La depresión no forma parte de la edad y los estudios muestran que la mayoría de las personas mayores están más o menos de acuerdo con sus vidas, a pesar de requerir más cuidados en cuanto a su físico. No obstante, cuando las personas adultas de avanzada edad tienen depresión, ésta puede pasar por alto debido a que lo demuestran de una forma distinta, con síntomas menos obvios y menos inclinados a experimentar o reconocer sentimientos de tristeza o pena.
Además, pueden padecer más enfermedades como cardíacas, apoplejía o cáncer que pueden causar síntomas depresivos o tomar medicaciones con efectos colaterales que contribuyan a la depresión. Algunos pueden experimentar lo que los médicos suelen llamar depresión vascular, denominada también depresión arteriosclerótica o depresión isquémica subcortical.
La depresión vascular puede resultar cuando los vasos sanguíneos se convierten en menos flexibles y endurecen con el tiempo, constriñéndose. Ese endurecimiento de los vasos evita el flujo normal de la sangre hacia los órganos del cuerpo, incluido el cerebro, con el riesgo de una enfermedad cardiovascular o un ataque de apoplejía.
Aunque la mayoría asume que el mayor promedio de suicidios se da entre la gente joven, éste se da con más frecuencia entre los mayores de 85 años. Muchos tienen una enfermedad depresiva que los médicos no han podido detectar, aunque a menudo se visiten con meses antes de llevar a cabo estos suicidios.
El conjunto de las personas mayores experimentan una sustancial mejoría con antidepresivos, psicoterapia o una combinación de ambos. Las investigaciones en este campo han demostrado que la medicación por sí sola no es tan efectiva como una combinación de tratamientos reduciendo el promedio de recurrencias depresivas en este sector de individuos.
La psicoterapia puede ser efectiva para periodos prolongados de falta de depresión, especialmente para adultos con depresión menor y es particularmente útil para aquellos que no pueden o desean tomar medicación antidepresiva.
• National Institute of Mental Health

lunes, octubre 20, 2008

Después del divorcio, el hombre tiene dos veces más probabilidades de caer en depresión

De acuerdo con un estudio canadiense los hombres tienen el doble de posibilidades de caer en una depresión después de que su matrimonio se haya roto.
Mientras que hombres y mujeres cuyo matrimonio se ha deshecho corren el riesgo de caer en depresión en mayor medida que aquellos que logran salvarlo, el estudio canadiense demostró que los hombres divorciados o separados informan padecer seis veces más un episodio de depresión comparado con los que se mantuvieron casados.
Las mujeres separadas o divorciadas, por su parte, presentan sólo 3,5 veces más probabilidades de experimentar una depresión que aquellas que conservan su relación.
El estudio demostró que mientras que hombres y mujeres tienen mayor riesgo de depresión a los dos años de la disolución del matrimonio o la relación, la mayoría de las personas comentan que la depresión remitió dentro de los cuatro años posteriores a la ruptura con su pareja.
“Por una parte sabemos que la depresión suele ser más común entre las mujeres, pero existe también la evidencia de que los hombres no disponen de tantas herramientas sociales como la mujer y esta circunstancia parece jugar un papel importante”, observa el autor del estudio Michelle Rotermann.
“Quizá una de las razones por las que el hombre está más en riesgo de experimentar una depresión subsiguiente a la separación sea debido a que una de las fuentes principales de soporte social es su esposa o su compañera y ya no dispone de ese refuerzo”, dice Rotermann, también analista del departamento de estadística canadiense.
El estudio se basó en datos del Servicio Nacional de la Salud, tomados a intervalos de dos años entre 1994 y 2005. Los 7.614 entrevistados con edades comprendidas entre 20 y 64 años, se encontraban libres de depresión y con pareja la primera vez que fueron entrevistados.
Como promedio, poco más del cuatro por ciento de las personas entre edades comprendidas entre 20 y 64 casados o viviendo en pareja se separaron dos años después cuando se les entrevistó de nuevo.
Se comprobó que el 12 por ciento de las personas que ya no vivían en pareja informaron padecer un episodio de depresión, mientras que sólo el tres por ciento de los que aún mantenían su relación, habían sufrido nuevas depresiones.
El 19% de los hombres sin pareja sufrieron un declive en sus relaciones sociales, en contra del 6% que continuaron con su pareja y que experimentaron el problema. Entre las mujeres, la proporción fue del 11% sin relación y 5% las que la conservaron.
Por: Dr. Rick Nauert
Fuente: Statistics Canada

lunes, septiembre 29, 2008

Migrañas y depresión

De acuerdo con un reciente estudio, las mujeres que padecen dolores de cabeza crónicos, especialmente migrañas, tienen cuatro veces mayor riesgo de padecer depresión mayor que las que sólo reportan dolores de cabeza episódicos. Las mujeres con dolores de cabeza crónicos indican sentirse también cansadas y sufrir con frecuencia enfermedades físicas graves.

El estudio realizado a más de mil mujeres en cinco estados con diagnóstico clínico de dolores de cabeza se encuentra en la revista científica de la Academia Americana de Neurología de enero de 2007. De ellas, 593 con dolores de cabeza episódicos (menos de 15 episodios por mes) y 439 con dolores de cabeza crónicos (más de 15 episodios por mes). El 19% de las mujeres fueron diagnosticadas de padecer migrañas.

Demostró que las mujeres con episodios crónicos tenían cuatro veces más riesgo de caer en síntomas de depresión mayor. Las personas que sufrían dolores de cabeza crónicos tuvieron también un alto grado de síntomas relacionados con éstos como: baja energía, problemas con el sueño, nauseas, mareos, dolor o problemas estomacales, de espalda, brazos, piernas y articulaciones.

Entre los pacientes diagnosticados de migrañas graves, el estudio encontró mayores probabilidades de depresión viéndose incrementadas si el paciente reportaba también otros síntomas graves.

“Los síntomas físicos dolorosos pueden provocar o ser una manifestación de depresión mayor en mujeres que padecen dolores de cabeza crónicos y la depresión puede aumentar la percepción de ese dolor”, dice el autor del estudio Gretchen Tietjen, de la Universidad de Toledo-Campus de Ciencias de la Salud y miembro de la Academia Americana de Neurología.

“Esa relación entre migraña y depresión mayor sugiere una neurobiología común”. Tietjen dice que los estudios se dirigen a probar que el dolor de cabeza agudo, síntomas físicos severos y depresión mayor pueden relacionarse a través de la disfunción de la serotonina en el sistema nervioso central.

“Aparte de las causas que originan la relación entre migraña y depresión, las enfermedades psiquiátricas como la depresión complica el control del dolor de cabeza y puede dificultar las resoluciones del mismo”, comenta Tietjen.

Por: Dr. Rick Nauert
American Academy of Neurology

lunes, septiembre 15, 2008

¿Cómo eliminar la desesperación en un proceso depresivo?

Una de las mejores formas para manejar una depresión es separar sus diferentes capas. En mi experiencia como psicólogo clínico he podido constatar que los problemas que contribuyen a la falta de ilusión, parálisis y a la desesperanza son a menudo claramente separables.
Para la mayoría de las personas la capa superior es la depresión de estar deprimido, desesperado y desesperanzado. Consiste en una respuesta emocional y de comportamiento a los síntomas de la depresión.
Se apoya en los pensamientos negativos que la persona tiene de sí mismo: Nadie me quiere como yo necesito”, “Si estoy deprimido, no soy un hombre real”, “No soy una mujer atractiva si estoy deprimida”.
Algunas personas asumen que las experiencias negativas que están percibiendo—adversidades, rechazos o dificultades—originan directamente su depresión. Ello les impide tomar conciencia de sus problemas; se sienten desconcertados y desmoralizados. Es más fácil distinguir la capa superficial que los sentimientos que se ocultan debajo de ésta.
He visto que cuando las personas se sienten menos deprimidas por el hecho de estarlo, a menudo, ese primer nivel de depresión es menor.
• Para empezar a dar solución al trastorno, debe primero sintonizar con sus sentimientos: estar deprimido, sea cual sea el significado que tenga para usted, puede ser sentirse aletargado, pasivo, herido, autocompasivo; luego, preguntarse acerca de qué: “Me siento rechazado” o “estoy pasando un mal momento de mi vida”. Es un problema práctico al que debe ajustarse lo más posible: “han rechazado mi informe”, “he sido rechazado por 25 personas en un programa contactos on-line”, etc.
Cuando asume que no puede seguir adelante porque está totalmente abatido, es una pista de que le deprime el hecho de estar deprimido. Es posible que se sienta avergonzado de estar deprimido, trastornado y ansioso.
Sentirse deprimido, por estarlo, crea un círculo de desesperanza, pasividad, aislamiento y evitación de ida y vuelta por el que todavía se deprime todavía más. Al separar las capas de la depresión se cortan los vínculos de ese círculo.
La capa más primaria de desesperación es emocional pero estas emociones tienen consecuencias de comportamiento. Llevan a la evitación, pasividad, quizá a la agresión y sugiere que la depresión evolucionó de una razón que hace que la persona se retraiga. Una situación más favorable, impulsa a ver la entorno problemático de forma diferente.
Lo mejor es deshacerse de la depresión de estar deprimido. Permite actuar sobre el problema primario.
• Una vez separado el problema emocional del problema práctico primario, se pueden identificar las creencias que tiene sobre usted mismo. “Debo ser amado”, “deben reconocer lo que hago bien”. Son filosofías emotivas clásicas racionales o estilos mentales que fomentan la depresión.
• Existen creencias sobre el mundo: “El mundo debería reconocer mi mérito”, o “Necesito una garantía de éxito, de otro modo es muy duro vivir con mis sueños y esperanzas”. La creencia de que las cosas deben suceder como se quiere puede llevar a muy destructivas consecuencias: “El mundo debe verme de una manera justa y favorable, si no el mundo es tremendamente destructivo”.
• Debido a que la depresión a menudo tiene valores adaptativos, puede ser útil identificar creencias para preguntarse si el estar depresivo tiene un saldo positivo para usted.
Cuando estamos deprimidos nuestro ánimo se encuentra reducido. También de forma inconsciente buscamos desesperadamente afecto y atención por parte de aquellos que debería darnos amor. La depresión puede permitirnos discernir quien nos ama; es muy duro fingir afecto por alguien que está deprimido; los deprimidos son irritables y negativos. El saldo pueden ser indicios de las creencias que sostenemos.
• El siguiente paso es cuestionarse esas creencias. “¿Cuáles son los efectos funcionales de mis creencias de que estoy en lo cierto”?, “¿por qué deben amarme?”, “¿por qué debo tener éxito?”, “¿por qué me lo merezco?” Es necesario romper esas creencias absolutas.
Puede entonces ver el problema práctico: adversidad, frustración, dolor de cervicales...
• Es útil encontrar humor en las creencias que sostiene sobre usted mismo. Ese proporciona una forma de ver las cosas de forma diferente. Recoloca nuestras creencias.
Si un paciente dice: “no puedo soportar equivocarme ni tampoco que me desaprueben”, podemos aplicar cierta ironía sobre los “horrores” que nunca suceden cuando pasa alguna de esas cosas. Podemos hacer verle al paciente que el rechazo no implica que una persona está hablando por toda la humanidad; sólo que existe una falta de ajuste en ese caso.
• Después de examinar la creencia de frustración que le tiene deprimido, todavía queda un sentimiento de infortunio y enojo sobre el problema práctico. Ese es el punto en el que deben asentarse las habilidades necesarias para hacerse con el problema primario. Cuanto menos malhumorado y deprimido más capaz será de aprender estas habilidades.
A menudo se trata de habilidades interpersonales. Una forma de hacerlo sobre la vida y la vida social es probar y equivocarse. La depresión, sin embargo, subvierte pruebas y equivocaciones y por ende la adquisición de habilidades prácticas. Por tanto el pago es acarrear con el regreso de la depresión al sentirse mal porque detiene el aprendizaje de lo que puede trabajar en su favor.
Aprender habilidades de vida no sólo le hace menos depresivo, sino que evita el estarlo. Le hace más seguro, más capaz de alcanzar y producir éxito.
La biología de una depresión atípica no ha sido delineada, debido a que las pruebas fisiológicas aparecen normales en la mayoría de los pacientes. Aunque los patrones de respuesta a las imágenes mixtas sugieren que las partes del cerebro que interpretan las emociones no están trabajando como podría ser habitual.
Por: Nando Pelusi
Psychology Today Magazine

viernes, mayo 09, 2008

Una dieta equilibrada evita problemas de salud mental

Existe una creciente evidencia de que la dieta juega un papel muy importante en problemas de salud mental específicos como: hiperactividad y falta de atención, depresión, esquizofrenia y Alzheimer.
La presencia de depresiones en la población mundial ha aumentado significativamente en las últimas décadas, acompañado de una disminución en las edades en que suelen hacer su aparición, pudiendo contabilizarse más casos en niños, adolescentes y jóvenes adultos. También la incidencia de los trastornos alimenticios está al alza.
La incidencia en esquizofrenia es similar en todo el mundo aunque con diferencias entre países. Esto implica que los factores ambientales pueden jugar algún papel determinante en cuanto a la duración y gravedad de los síntomas, siendo la dieta uno de los puntos que actualmente está atrayendo el interés científico
En los últimos cincuenta años, la enfermedad del Alzheimer ha adquirido un carácter más común y se cree que ello es el resultado de una combinación de factores, como la edad de la población, así como genéticos y ambientales.
La evidencia del aumento epidemiológico sugiere que la dieta puede ser uno de esos factores ambientales con informes relevantes que asocian el Alzheimer con una alta consumición de grasas saturadas y un bajo porcentaje de vitaminas y minerales.
Los servicios que se encargan de una buena salud mental y que dirigen sus esfuerzos hacia una dieta y nutrición adecuadas informan que se consiguen resultados altamente prometedores particularmente entre aquellos pacientes que experimentan trastornos de hiperactividad y falta de atención y depresión. Sin embargo, no existe todavía investigación y fundamentos suficiente probados como para llegar a conclusiones firmes en este sentido.
Algunos alimentos dañan al cerebro mediante la afluencia de toxinas y oxidantes
que pueden perjudicar a sus células, si bien, por otra parte, existen muchos más
nutrientes que pueden mejorar el estado de ánimo y el funcionamiento mental.

Mediante una dieta que aporte las cantidades adecuadas de carbohidratos, grasas esenciales, aminoácidos, vitaminas y minerales, así como agua puede conseguirse un equilibrio del estado de ánimo y sentimiento.

Asimismo, las investigaciones indican que una aportación nutricional adecuada, facilita el éxito académico. A este respecto, un buen número de estudios informan que la ingestión de un buen desayuno por parte de los niños es esencial para mejorar su actividad durante un largo día académico.

Las dietas complementadas con vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales en jóvenes con problemas han derivado en resultados significativos por lo que respecta a reducciones de comportamientos antisociales.
• Vía: Mental Health Fundation

viernes, abril 04, 2008

Depresión masculina

A través de estudios realizados últimamente se ha comprobado que se empieza a tocar en profundidad el problema de la depresión masculina. Las investigaciones revelan que no es aventurado decir que, contrariamente a lo que se creía, los hombres –en especial entre los 40 a 50 años- padecen más episodios depresivos que las mujeres.
Los más recientes hallazgos en este sentido indican que los hombres que decrecen en su escala social a lo largo de su vida suelen pasarlo mucho peor que las mujeres en la misma posición y son más proclives a padecer depresión. En efecto, aunque las mujeres tenían la posibilidad de caer en depresión y en un bienestar psicológico pobre, los investigadores encontraron que mientras que éstas lograban en su mayoría evitarlo, los hombres en la misma posición, no podían.
Los hombres que experimentaron un declive o cambio social sufrieron cuatro veces más depresión mientras que no hay marcadas diferencias en salud mental entre mujeres que experimentaron las mismas circunstancias.
En el estudio, los investigadores de la Universidad de Newcastle utilizaron el estatus de “jefe de familia” como marcador social y examinaron hombres y mujeres nacidos en 1947 en Newcastle desde su niñez hasta los 50 años.
Sus hallazgos podían explicarse por el hecho de que los hombres nacidos durante este periodo de tiempo ganaban mucha de su autoestima de sus carreras o profesiones, mientras que las mujeres se encontraban realizadas en otras actividades aparte del laboral, como los niños y las amistades. Es también posible que las mujeres tengan más capacidad de recuperación emocional en este tipo de situaciones, dicen los investigadores.
El estudio está publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health. El responsable de la investigación, Dr Paul Tiffin dice: "Las familias estudiadas nos dieron la oportunidad de comprender cómo las circunstancias socioeconómicas a través de la vida pueden ligarse al bienestar mental en la edad adulta. Poniendo énfasis en la promoción de la salud mental, estos hallazgos pueden involucrarse en políticas sociales y de salud. Tener una buena salud mental es tan importante como la física –las dos son a menudo interdependientes. La depresión puede llevar a un círculo vicioso donde una pobre salud mental y falta de cohesión con la sociedad se convierta en norma para una persona.
El Dr Tiffin añade "Debemos ser cautos en generalizar nuestras investigaciones, nuestros hallazgos sugieren que es importante para los gobiernos y otras instituciones considerar el efecto de las redundancias masivas y los cambios económicos drásticos. La tendencia es enfocar en pérdidas financieras lo que los trabajadores y sus familias experimentan pero esta investigación demuestra que los efectos psicológicos deberían tenerse igualmente en cuenta y actuar en consecuencia”.
Journal of Epidemiology and Community Health

lunes, marzo 17, 2008

La depresión y el sueño

Para muchos de nosotros, la hora de ir a la cama puede representar un verdadero tormento al enfrentarnos a nuestro peor enemigo y cuanto más nos esforzamos en obtener la calma necesaria para conseguir conciliar el sueño, más se acrecienta nuestra ansiedad dando paso así al ¡tan temido insomnio!

En el año 2001, el 38% de los adultos americanos reconocieron que dormían menos de lo que lo hacían cinco años antes. Dijeron que dormían un promedio de siete horas por noche y alrededor del 60% aseguraron que tenían problemas en conciliar el sueño algunas noches durante la semana.

El mayor culpable de esa falta de sueño es en gran parte el trabajo. Para disminuir la presión cada vez más creciente de la requerida productividad, dormimos menos y pasamos menos tiempo intentando cumplir con nuestros deberes sociales e incluso dedicándole menos tiempo al tan necesario ocio. El estrés resultante puede incluso robarnos más horas de sueño.

En algún grado, estamos sacrificando horas de sueño, con la consiguiente ansiedad que ello comporta, para obligarnos a acometer otras demandas que se comen nuestro tiempo, sin darnos cuenta de que pagamos un alto precio por tal privilegio. La necesidad de dormir, unido en parte a los ritmos más ancestrales del planeta, está profundamente arraigada en nuestro cerebro. Cuando interrumpimos el ritmo natural del día y de la noche por cualquier razón –incluso por diversión—nos arriesgamos a sufrir una serie de problemas.

Lo que hacemos durante la noche afecta a lo que hacemos durante el día—habilidad para aprender, memoria, salud y seguridad—afectando en gran manera a nuestro carácter hasta tal punto que una interrupción crónica del sueño parece ser uno de los puntos importantes causantes de la depresión.

Todos tenemos problemas en conciliar el sueño en algún momento, o incluso de forma más o menos recurrente. Forma parte de nuestra condición humana sujeta al estrés y a la preocupación, pero es lo que hacemos en respuesta a ello, indican los expertos, lo que determinará si en adelante desarrollaremos un insomnio crónico.

Es pues lógico dejar sentado que lo mejor que podemos hacer para solucionar nuestros problemas de sueño es quizá, no preocuparnos en exceso en conseguir conciliar el sueño y rebajar la ansiedad que esa tares nos pueda producir distrayendo
nuestra mente en algo totalmente distinto.
Por: Hara Estroff Marano

viernes, marzo 07, 2008

Los niños de padres depresivos tienen más riesgo de padecer trastornos mentales.

Tras 20 años de estudio se ha demostrado que los niños de padres depresivos se hallan en más alto riesgo de padecer problemas médicos y psiquiátricos, según un artículo aparecido en The American Journal of Psychiatry (AJP), diario oficial de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) a cargo de los doctores Myrna M. Weissman y Daniel Pilowsky, investigadores de la Universidad de Columbia y el Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York.

Demostraron que el riesgo de padecer trastornos de ansiedad y depresión mayor es de 3 veces más en niños con uno o ambos de sus progenitores con trastornos depresivos y el promedio de fobias aumenta hasta cuatro veces más. También se comprobó que padecían mayor riesgo de padecer dependencia de substancias y padecer enfermedades físicas en una edad adulta que los niños de padres no depresivos.
Hacia los 35 años este sector de la población reportaron una mayor incidencia en trastornos cardiovasculares (cinco veces más) y neuromusculares (2 veces más).

“Este trabajo enfatiza los riesgos, en una vida larga, a los que es posible que tengan que enfrentararse estas personas. Así pues, todos los esfuerzos que se realicen para mejorar los tratamientos de padres con tendencias depresivas, adquieren una relevancia significativa por lo que se refiere a los beneficios potenciales que pueden aportar a la siguiente generación”, dice el doctor Robert Freedman.

El trastorno depresivo mayor suele aparecer entre los 15 y 20 años y se ha experimentado un ligero incremento en trastornos de ansiedad entre mujeres de 28 a 32 años.

En la edad adulta, los niños de padres depresivos, experimentaron un escaso rendimiento en el trabajo y en sus relaciones familiares. Aunque el 83% experimentaron trastornos psiquiátricos a lo largo de sus vidas, sólo el 38% recibieron tratamiento para paliar sus desordenes mentales.

Esta investigación se realizó a través del National Institute of Mental Health.

viernes, enero 18, 2008

La depresión tiene varias caras

Es útil dividir la depresión en subtipos tanto para el tratamiento como para prever su duración

La depresión no se ajusta a un solo tipo. Desde hace tiempo los profesionales de la salud mental saben que los pacientes muestran diferentes síntomas clínicos y que éstos pertenecen a distintos subtipos de depresión.
Los límites entre subtipos son a menudo confusos, con síntomas que se superponen los expertos no llegan a ponerse de acuerdo en un correcto sistema de clasificación, pero los investigadores clínicos sugieren, sin embargo, que la división de la depresión en subtipos es sumamente útil para mejorar tratamientos y estimar el tiempo de recuperación del paciente.
Durante el transcurso de un congreso en el que se reunieron doctores en psiquiatría americanos se discutieron cinco subtipos de depresión mostrados por la mayoría de pacientes:
• Depresión atípica, con estudios que demuestran su aparición en el 23 al 36% de los casos insuficientemente reconocidos.
• Depresión ansiosa, que sufren un 40% de pacientes con trastorno depresivo mayor y que representa un gran desafío en la mayoría de los tratamientos.
• Depresión melancólica, una grave forma de trastorno muy común entre personas hospitalizadas de depresión.
• Depresión vascular, una nueva variedad reconocida que refleja la existencia de un trastorno cardiovascular más común entre personas mayores de 60 años.
• Depresión psicótica, una grave forma de trastorno que se distingue por ilusiones congruentes acompañadas por cambios específicos en el tejido cerebral.

Estas distinciones aparecieron hace ya algunas décadas basándose en la variación en las respuestas que se apreciaban en los tratamientos disponibles en aquel momento. Las investigaciones demuestran que la disección en subtipos de la depresión puede incluso ser más válida hoy en día. Los subtipos pueden representar vías biológicas distintivas del trastorno y proporcionar pistas de las múltiples formas de depresión que pueden surgir y manifestarse.

“Una depresión atípica puede manifestarse en depresión unipolar o bipolar”, informa el psiquiatra Jonathan W. Stewart, de la Universidad de Columbia. “Los pacientes con esta variedad de trastorno—alrededor de 10 millones de americanos—tienen lo que los médicos etiquetan: reactividad de humor: pueden mostrar un entusiasmo de al menos un 50% en respuesta a acontecimientos positivos en su vida, si bien temporalmente.

La depresión ansiosa cubre una extensa área gris donde los síntomas de la depresión y de la ansiedad coexisten o interactúan. Los pacientes suelen tener, por lo general, sentimientos de baja autoestima y pesimismo, excesiva preocupación y culpa y son incapaces de de disfrutar de las cosas. El trastorno se expresa físicamente en una disminución del apetito, falta de sueño con frecuente despertar en el caso de conseguir conciliarlo e intranquilidad y agitación psicomotora.
En un estudio realizado a unos 255 pacientes con depresión conducido por el psiquiatra Maurizio Fava, de Harvard informó que el 51% se encontró que padecían de ansiedad además de depresión. No está claro si la ansiedad es consecuencia del sentimiento de baja autoestima pero en 40% de los depresivos ansiosos, el trastorno de ansiedad empezó primero.
Entre los que su ansiedad toma la forma de fobia social y ansiedad generalizada, la ansiedad tiende a preceder al trastorno depresivo mayor. En el caso de trastorno de pánico sigue, por lo general, al comienzo del trastorno depresivo.
Los pacientes jóvenes —de un promedio de edad entre 20.6 y 28.4 solo con depresión mayor—resultan significativamente dañados y cuesta mucho más su recuperación. Parece que responden menos al tratamiento y son más susceptibles a las recaídas, además de experimentar menos cambios en los síntomas depresivos.
El trastorno puede tener sus orígenes en los primeros años de vida entre niños de distintos temperamentos que demuestran miedo a las novedades. La ansiedad y la depresión pueden tener su consecuencia en altos niveles de hormonas en el sistema de respuesta de estrès del cuerpo.
La depresión ansiosa plantea a los doctores por lo general un dilema en cuanto a su tratamiento. Muchos buscan el uso de antidepresivos que poseen propiedades sedativas, aunque no está claro que lo necesiten, dice el Dr. Fava. Los estudios muestran que todos los antidepresivos trabajan igualmente bien contra este tipo de depresión, si bien pueden requerirse altas dosis. Todavía en la práctica se tiende a prescribir una combinación de medicamentos para este tipo de pacientes, por lo general, un tranquilizante junto con el antidepresivo.
Dada una ansiedad cotidiana, los depresivos de este tipo son por lo general sensitivos a las sensaciones del cuerpo. Como resultado de ello, los efectos colaterales de los medicamentos comunes—como problemas gastrointestinales—son causa a menudo de un tratamiento discontinuo. Incluso cuando el tratamiento continua, la remisión puede tardar largo tiempo. La terapia cognitiva puede ser de gran ayuda.

La depresión melancólica es a menudo sinónimo de depresión severa y es más común entre los pacientes hospitalizados por depresión que entre los que no lo están. Las personas afectadas no encuentran placer en casi ninguna actividad y no reaccionan a los estímulos que los ocasionan. Pueden experimentar extrema lentitud de movimientos o, por otra parte, agitación. Su depresión es a menudo más acusada durante la mañana y se acompaña de falta de apetito y pérdida de peso.
Los depresivos melancólicos pueden estar inmersos en pensamientos y experiencias una y otra vez, sintiéndose excesivamente culpables. Su depresión forma parte de su vida: cuantos más episodios experimenta, más autónomos parecen éstos y menos pueden desligarse de los acontecimientos estresantes. Los pacientes no responden a la psicoterapia, por lo menos no antes del tratamiento con medicamentos, informa el Dr. J. Craig Nelson, de la Universidad de Yale.

La depresión psicótica fue antaño otro término para la depresión severa, aunque cuantas más herramientas científicas se aplican para diseccionar el trastorno, mayor número de variedades aparecen, en especial biológicas. No solo es este tipo de depresión severa se aprecia un deterioro de la vida cotidiana y marcada por intentos de suicidio, se acompaña de ilusiones que reflejan el humor depresivo y el sentimiento de culpa de los pacientes.
“Algunos test biológicos muestran anormalidades en el sistema que controla la producción de hormonas, revelando atrofias significativas, dice la Dra. Linda L. Carpenter, de la Universidad de Brown. “La disminución de tejido cerebral refleja los efectos tóxicos de un exceso de hormonas del estrés, denominadas cortisol”.
“A pesar de la proliferación de medicamentos antidepresivos, el mejor tratamiento para la depresión psicótica es la terapia de electroshock, si bien la medicación puede ofrecer ciertas ventajas”. La Dra. Carpenter cita específicamente los agentes que interfieren co el cortisol bloqueando sus receptores.