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lunes, marzo 17, 2008

La depresión y el sueño

Para muchos de nosotros, la hora de ir a la cama puede representar un verdadero tormento al enfrentarnos a nuestro peor enemigo y cuanto más nos esforzamos en obtener la calma necesaria para conseguir conciliar el sueño, más se acrecienta nuestra ansiedad dando paso así al ¡tan temido insomnio!

En el año 2001, el 38% de los adultos americanos reconocieron que dormían menos de lo que lo hacían cinco años antes. Dijeron que dormían un promedio de siete horas por noche y alrededor del 60% aseguraron que tenían problemas en conciliar el sueño algunas noches durante la semana.

El mayor culpable de esa falta de sueño es en gran parte el trabajo. Para disminuir la presión cada vez más creciente de la requerida productividad, dormimos menos y pasamos menos tiempo intentando cumplir con nuestros deberes sociales e incluso dedicándole menos tiempo al tan necesario ocio. El estrés resultante puede incluso robarnos más horas de sueño.

En algún grado, estamos sacrificando horas de sueño, con la consiguiente ansiedad que ello comporta, para obligarnos a acometer otras demandas que se comen nuestro tiempo, sin darnos cuenta de que pagamos un alto precio por tal privilegio. La necesidad de dormir, unido en parte a los ritmos más ancestrales del planeta, está profundamente arraigada en nuestro cerebro. Cuando interrumpimos el ritmo natural del día y de la noche por cualquier razón –incluso por diversión—nos arriesgamos a sufrir una serie de problemas.

Lo que hacemos durante la noche afecta a lo que hacemos durante el día—habilidad para aprender, memoria, salud y seguridad—afectando en gran manera a nuestro carácter hasta tal punto que una interrupción crónica del sueño parece ser uno de los puntos importantes causantes de la depresión.

Todos tenemos problemas en conciliar el sueño en algún momento, o incluso de forma más o menos recurrente. Forma parte de nuestra condición humana sujeta al estrés y a la preocupación, pero es lo que hacemos en respuesta a ello, indican los expertos, lo que determinará si en adelante desarrollaremos un insomnio crónico.

Es pues lógico dejar sentado que lo mejor que podemos hacer para solucionar nuestros problemas de sueño es quizá, no preocuparnos en exceso en conseguir conciliar el sueño y rebajar la ansiedad que esa tares nos pueda producir distrayendo
nuestra mente en algo totalmente distinto.
Por: Hara Estroff Marano

viernes, marzo 07, 2008

Los niños de padres depresivos tienen más riesgo de padecer trastornos mentales.

Tras 20 años de estudio se ha demostrado que los niños de padres depresivos se hallan en más alto riesgo de padecer problemas médicos y psiquiátricos, según un artículo aparecido en The American Journal of Psychiatry (AJP), diario oficial de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) a cargo de los doctores Myrna M. Weissman y Daniel Pilowsky, investigadores de la Universidad de Columbia y el Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York.

Demostraron que el riesgo de padecer trastornos de ansiedad y depresión mayor es de 3 veces más en niños con uno o ambos de sus progenitores con trastornos depresivos y el promedio de fobias aumenta hasta cuatro veces más. También se comprobó que padecían mayor riesgo de padecer dependencia de substancias y padecer enfermedades físicas en una edad adulta que los niños de padres no depresivos.
Hacia los 35 años este sector de la población reportaron una mayor incidencia en trastornos cardiovasculares (cinco veces más) y neuromusculares (2 veces más).

“Este trabajo enfatiza los riesgos, en una vida larga, a los que es posible que tengan que enfrentararse estas personas. Así pues, todos los esfuerzos que se realicen para mejorar los tratamientos de padres con tendencias depresivas, adquieren una relevancia significativa por lo que se refiere a los beneficios potenciales que pueden aportar a la siguiente generación”, dice el doctor Robert Freedman.

El trastorno depresivo mayor suele aparecer entre los 15 y 20 años y se ha experimentado un ligero incremento en trastornos de ansiedad entre mujeres de 28 a 32 años.

En la edad adulta, los niños de padres depresivos, experimentaron un escaso rendimiento en el trabajo y en sus relaciones familiares. Aunque el 83% experimentaron trastornos psiquiátricos a lo largo de sus vidas, sólo el 38% recibieron tratamiento para paliar sus desordenes mentales.

Esta investigación se realizó a través del National Institute of Mental Health.