PSICOTERAPEUTAS ONLINE

Te ayudamos a solucionar tus problemas. Servicio de psicología online y telefónico.


PSICOLOGÍA

Ayuda psicológica. Depresión, estrés, fobias, ansiedad... Estudios de la conducta y la personalidad, patologías, trastornos mentales...

Psicólogos Barcelona (en España)

Psicologos especializados en Depresión - Barcelona

C/Europa 22, 2º 3ª 08028 Barcelona, ESPAÑA Tel. +34 93 430 1290

domingo, diciembre 10, 2006

Bebés que vienen con Prozac debajo del brazo

No es el «bajón» típico que sufren casi todas las que acaban de ser madres, la depresión posparto en la que se sume el 15% de las españolas, por ejemplo, es una enfermedad grave e infradiagnosticada. Un «test» sencillo seis semanas después del nacimiento ayudaría a su detección precoz. El reconocimiento científico de la existencia de la depresión posparto y sus graves consecuencias ya está llegando. Los especialistas catalogan la patología como un problema de salud pública y defienden que se realicen pruebas a todas las que acaban de tener hijos para detectar su existencia cuanto antes
«La pobre está con la depre». Pues no. Ni se trata de que esté agotada porque el recién nacido no la deja dormir, ni de que esté preocupada excesivamente por recuperar cuanto antes su figura. Tampoco son miedos propios de ser primeriza o los cambios de humor que provocan las hormonas. La depresión posparto es una enfermedad en toda regla que sume en la pérdida de esperanza, en la ansiedad, en la culpa, en los pensamientos obsesivos, en el autoaborrecimiento y en la inseguridad a cerca de 15% de las mujeres que acaban de tener un hijo. Esta enfermedad, que les roba la posibilidad de cuidar a su bebé algo que repercute negativamente en él y en toda la familia, está infradiagnosticada. Sin embargo, dado que en esta época las visitas al médico y al pediatra son frecuentes, instaurar de forma sistemática un 'test' sencillo en la sexta semana tras el alumbramiento ayudaría a su detección precoz.
Me di cuenta ya en la clínica de que algo no iba bien. Empecé a obsesionarme con que el niño no comía, pensaba que no estaba correctamente alimentado. Cuando llegué a casa todo se fue agravando más y más. Tenía una ansiedad horrible. Hasta que no pude hacer nada. Le dije a mi marido que no podía ocuparme de mi hijo».
Hace 13 años que esta madre primeriza residente en Madrid, a la que llamaremos Carmen porque prefiere conservar el anonimato, fue diagnosticada de depresión posparto, una enfermedad real, grave, que en buena parte de los casos se sufre en silencio porque da vergüenza reconocer que se está mal cuando un hijo acaba de nacer. Se inicia generalmente en las primeras seis semanas tras el parto y puede durar entre tres y 14 meses.
«Cuando yo enfermé, casi nadie creía que la depresión posparto existiera. Sí se sabía que había una tristeza en los días posteriores al alumbramiento que podía durar un poco más. Ahora es distinto. Por eso, a mi familia le costó un poco reconocer lo que me estaba pasando», comenta Carmen.
La melancolía a la que se refiere esta ex paciente afecta de forma transitoria a entre el 50% y el 80% de las que acaban de tener un bebé y se conoce como 'Baby blues' o Síndrome del tercer día. No es lo mismo, y no debe confundirse con la depresión posparto, una patología abandonada por la ciencia de la que se desconocía, hasta hace poco tiempo, su incidencia real y sus repercusiones en la madre, en su hijo y en el resto de la familia. Sin embargo, algo está cambiando. Los medios de comunicación estadounidenses se han hecho eco de un trabajo danés publicado en el último número del 'Journal of the American Medical Association' ('JAMA') en el que se afirma que las madres primerizas, en comparación con las que ya han tenido más bebés, tienen más posibilidades de sufrir una enfermedad psiquiátrica entre las cuatro y las 6 semanas después del alumbramiento o pasado más tiempo. El trabajo, de los pocos sobre patologías mentales posparto que incluye a hombres, se realizó entre 1973 y 2005 con 630.000 mujeres y 547.000 varones que se estrenaban en la paternidad.
Los datos constatan que 1.171 madres tuvieron que ingresar en un psiquiátrico en los 12 primeros meses tras venir su hijo al mundo y otras 1.369 necesitaron, también, recibir ayuda terapéutica, aunque de forma ambulatoria. Pese a que la llegada del primer hijo también expone al varón a factores estresantes, como la privación de sueño o los cambios de vida, los propios autores de la investigación, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), aclaran que su riesgo de desarrollar un trastorno mental en esta época no aumenta. Por ello, tal vez, los investigadores creen: «El trabajo indica que las causas de la enfermedades mentales tras el parto están más fuertemente asociadas al proceso fisiológico del embarazo y del alumbramiento que a los aspectos psicosociales de la maternidad».
SALUD PÚBLICA
La trascendencia de los resultados recién publicados queda reflejada en la opinión que acompaña al trabajo, recogida en la misma revista científica, y que firma Katherine Wisner y parte de su equipo, de la Universidad de Pittsburgh (EEUU). En ella se cataloga la depresión posparto de auténtico problema de salud pública. «Una de cada siete mujeres primerizas la experimenta, lo que perjudica su papel como madre y aumenta el riesgo de dañar el desarrollo mental y psicomotor de su hijo, además de provocar problemas de comportamiento y baja autoestima en el menor». De hecho, se han detectado alteraciones afectivas al año de vida y neurocognitivas a los tres en hijos de madres deprimidas tras el parto. La causa reside en que la enfermedad provoca una crianza del bebé con carencias afectivas y menos cuidados. Todos son, por tanto, motivos suficientes como para defender la implantación de chequeos sistemáticos que detecten cuanto antes el problema para poder ayudar a las que padecen la enfermedad. «Se deberían realizar en las dos semanas posteriores al parto y no más tarde de los tres meses con el fin de poder identificar a las madres con depresión severa o con otras patologías», recomiendan los científicos estadounidenses.
La concienciación sobre la trascendencia de este problema traspasa fronteras. José María Sierra Manzano y su equipo, de la Unidad Docente de Medicina de Familia y Comunitaria de Soria (España), realizaron ya en 2002 un trabajo, cuyos datos recoge la revista 'Atención Primaria', que determina que el 15, 7% de las mujeres que dan a luz en su provincia caen en la depresión posparto. Resultados similares han sido hallados un año después por investigadores del Hospital Clínico de Barcelona. Así, y tal y como publican en 'Medicina Clínica' la incidencia de la enfermedad es del 10%.
Esta diferencia en los porcentajes la explica María Jesús Cerecedo, coordinadorea del Grupo de salud mental de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). «Se estima que puede afectar a entre un 10% y un 20% de las parturientas. No obstante, se trata de una patología infradiagnosticada, muchos casos se siguen desconociendo», aclara esta especialista. Ésta es la razón por la que cada vez hay más voces reclamando un chequeo sistemático para las mujeres que acaban de ser madres.
DETECCIÓN
«El equipo de Atención Primaria (médico, pediatra, matrona y enfermera) es una pieza fundamental para la detección precoz dado que en este periodo tan delicado de la vida familiar son frecuentes las visitas de las mujeres al centro de salud para los controles posparto, tanto de ella como de bebé. Una herramienta eficaz y de fácil ejecución como la Escala de Depresión Posparto de Edimburgo (EPDS), una prueba utilizada internacionalmente o el 'test' de depresión posparto de Beck, deben plantearse sistemáticamente a todas ellas en la semana sexta del posparto». Y esto es, precisamente, lo que se está haciendo ya en Soria. «Países como Escocia o Austria tienen planteados este tipo de exámenes periódicos. En el Centro de salud Soria Norte llevamos 18 meses realizando la prueba EPDS, que consta de diez preguntas sencillas a todas las parturientas en la sexta y octava semana tras el nacimiento. Ya lo han cumplimentado más de 200 mujeres. Lo que intentamos es demostrar si este tipo de chequeo es eficaz o no. No obstante, el 'test', por sí solo, no diagnostica la enfermedad, enseña los límites para considerar que la mujer está en riesgo de padecerla, pero el dictamen debe confirmarse con la entrevista clínica», apostilla el doctor Sierra Manzano. Este experto recuerda: «En nuestro centro, las matronas suelen preguntar a las recién dadas a luz, que acuden a revisión, cómo se encuentran, pero uno de los mejores momentos para poder hacer un seguimiento es en el pediatra, porque todas acuden a él por las visitas que son necesarias para el bebé. Las madres afectadas no piden ayuda cuando se sienten deprimidas por eso hay que ir a buscarlas. La razón está en que se sienten culpables, porque es un momento vital que supone un motivo de felicidad para toda la familia, menos en su caso. Ellas están angustiadas, tristes, ansiosas e incapacitadas».
El relato de otra madre que pasó por la enfermedad E.C. ilustra cómo llega a sentirse una madre deprimida. «Yo tengo dos hijos, y esto me sucedió con el segundo. Los dos han sido deseados y los embarazos normales pero en esta segunda ocasión no sé qué me paso. Caí en picado, no podía dormir. Menos mal que tenía a mi familia para ayudarme, sino no sé que hubiera sido de mi y de mi hijo. Finalmente, mi médico me envió al psicólogo y me pusieron en tratamiento. Así pude recuperarme y volver a ser la que era antes de mi segundo parto», explica esta gallega de 46 años que, al igual que Carmen, tuvo que recibir tratamiento farmacológico y psicoterapia para superar la depresión. No hay una razón única y conocida que desencadene la enfermedad justo después de nacer un hijo, pero sí existen factores asociados a su aparición. Entre ellos, haberla sufrido con anterioridad. «Las mujeres que ya han pasado por una depresión o tienen antecedentes familiares de la patología deben seguir una vigilancia más estrecha durante el embarazo y tras el parto para poder detectar su posible reaparición», explica María Jesús Cerecedo. Además, y tal y como apuntan los psiquiatras Romero Hidalgo y Carrillo Gómez, del Centro de salud Mental, del distrito Latina (Madrid): «Los factores estresantes, como la vivencia de una gestación difícil y la presencia de complicaciones obstétricas son situaciones que en mayor o menor grado siempre están presentes en los antecedentes clínicos de una historia con depresión posparto». Pero hay más. Machado Ramírez y su equipo, del Hospital General y Unidad docente de Medicina Familiar y Comunitaria de Albacete, también en España, establecen en un trabajo que ha visto la luz en 'Atención Primaria' que la existencia de la patología se relacionó tanto con la carencia de baja maternal y nivel socioeconómico más bajo.
FACTORES DE RIESGO
«El mayor apoyo psicoafectivo percibido por la mujer influye positivamente en su estado físico y psíquico. Nuestro estudio demuestra también la asociación de depresión pos parto con bajo apoyo emocional y escasa ayuda en la realización de las tareas domésticas», apuntan los autores en sus conclusiones. Otros factores establecidos son los que se apuntan en el estudio realizado por los médicos de Soria. «La edad, madres que son más jóvenes, el escaso apoyo familiar y social, estar en paro o tener un bajo nivel de ingresos pueden predisponer a la madre a sufrir depresión pos parto», establece Sierra Manzano. Pero también hay factores físicos que deben ser valorados ya que pueden influenciar o mimetizar los síntomas psiquiátricos. Un ejemplo es la aparición de patología de la glándula tiroides. «Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo que a veces se desarrollan tras un parto debido a los cambios hormonales que sufre la madre causan alteraciones en el estado de ánimo que pueden confundirse con la depresión. También hay que establecer si la madre padece o no anemia, dado que causa, fatiga, entre otros efectos», aclara el doctor de Soria.
La esperanza para las madres que están deprimidas tras el nacimiento de su hijo es que los tratamientos actuales son efectivos, sobre todo cuanto más precozmente se administren. Muchas sólo necesitarán acudir a sesiones de psicoterapia y otras, en cambio, tendrán que apoyarse en la farmacología. El otro pilar fundamental para que ellas puedan salvar este profundo bache está en la ayuda psicosocial que pueden aportar tanto determinados profesionales sanitarios (matronas y enfermeras), como amigos y familiares. Y, la mejor mano: las palabras de una mujer que ya ha pasado por este trance: «Lo que yo quiero decirle a todas es que se sale. Al final pasa, eso es lo que deben escuchar las que estén ahora enfermas. Al igual que no todas las embarazadas van a deprimirse, yo afirmo que se supera y se recupera la fuerza mental de antes», anima Carmen.
UNA HERRAMIENTA ÚTIL
Estas 10 preguntas sencillas son una herramienta útil para sospechar si existen síntomas depresivos en las madres. Un resultado positivo indica riesgo de enfermedad y justifica una entrevista clínica.
-He sido capaz de reírme y de ver el lado divertido de las cosas.
-He mirado asuntos con ilusión.
-Me he culpado innecesariamente cuando las cosas han salido mal.
-Me he sentido nerviosa o preocupada sin tener porqué.
-He sentido miedo o he estado asustada sin causa.
-Las cosas me han agobiado.
-Me he sentido tan infeliz que he tenido dificultades para dormir
-Me he sentido triste o desgraciada y las circunstancias me han agobiado.
-Me he sentido tan infeliz que he estado llorando.
-He tenido pensamientos de hacerme daño.
Ventajas de apoyar a los trabajadores
La depresión es una de las enfermedades que más impacto familiar, social y económico tienen. De hecho, al sufrimiento de los que la padecen y de los que les rodean, hay que añadir la cuantía anual económica que se deja de percibir por bajas laborales. Así, sólo en EEUU, las pérdidas anuales en productividad por la enfermedad ascienden a 10.000 millones de dólares, una cifra similar en euros. Ahora, el último número de la revista 'Archives of General Psychiatry se hace eco de un trabajo que demuestra que ofrecer chequeos adicionales a los ya existentes para detectar precozmente la depresión como ofrecer más programas de apoyo es efectivo en términos económicos. Para alcanzar esta conclusión, investigadores de la Universidad de Harvard, del Hospital de Mujeres de Brigham, en Boston, y del Instituto Nacional de Salud Mental (todos en EEUU) han desarrollado un programa informático que permite comprobar esta hipótesis mediante la introducción de trabajadores hipotéticos de 40 años de media que eran divididos en seis grupos distintos y a los que se les entrevistaba por teléfono: nunca habían estado enfermos, sí lo estaban pero no recibían tratamiento, los que sí seguían la terapia, los recuperados que continuaban en tratamiento, los que habían superado la enfermedad o los que finalmente habían muerto. Los propios investigadores insisten en que su trabajo demuestra que ofrecer un programa de chequeo de diagnóstico precoz en las empresas a través de encuestas telefónicas es eficaz y económicamente rentable. Esta patología mental se está convirtiendo en el lastre de las sociedades desarrolladas. Por este motivo, tanto su detección precoz, como la instauración de un tratamiento lo más rápidamente posible es uno de los objetivos de la comunidad científica.

miércoles, diciembre 06, 2006

La mayoría de pacientes con depresión realiza un bajo cumplimiento terapéutico

Diferentes estudios elaborados recientemente concluyen que hasta un 60 por ciento de los pacientes con depresión realiza un bajo cumplimiento terapéutico, así como que en los ensayos clínicos el 30 por ciento de los pacientes no cumple bien su tratamiento, lo que supone una disminución de la eficacia de los antidepresivos.
Estos datos han sido presentados por el psiquiatra Antonio Serrano en el marco de la jornada Atención farmacéutica en el paciente con depresión, patrocinada por Esteve y organizada por la Fundación Pharmaceutical Care y Federación Farmacéutica en Valencia y Barcelona (España) en dos sesiones en noviembre.
La tasa de incumplimiento, según se desprende de uno de los estudios, afecta a los seis meses de tratamiento a más del 60 por ciento de los pacientes que se ven en atención primaria (AP), los cuales representan a más del 70 por ciento del total de los enfermos con trastornos mentales y a más de la mitad de los que acuden al psiquiatra. En cuanto al tratamiento de los pacientes con trastornos mentales, más de un 40 por ciento de los que acuden a AP no reciben antidepresivo alguno, tal y como se constata en un estudio encargado por la Dirección General de Planificación y Evaluación Sanitaria del Departamento de Salud. Asimismo, un 9 por ciento de pacientes sin ningún tipo de trastorno mental recibe antidepresivos, que en el caso de pacientes con un trastorno del ánimo, como la ansiedad, se eleva a más de un 46 por ciento. Otro estudio presentado por Serrano apunta que la tasa de abandono del fármaco prescrito alcaza al 41 por ciento de los pacientes a los seis meses de tratamiento, y que en la mayoría de los casos se debe a la percepción por parte del propio paciente de una mejoría sustantiva. Concretamente, en cuanto a las principales causas de abandono, Serrano destaca los efectos secundarios, la falta de eficacia o el miedo a la dependencia en los abandonos tempranos (durante los tres primeros meses de tratamiento), y el sentirse mejor, las sensaciones raras o el convencimiento de que lo debo hacer yo solo en las discontinuaciones tardías (a partir de los tres meses).
El experto apunta que "los datos revisados indican la necesidad de desarrollar estrategias específicas para mejorar la adherencia a los tratamientos antidepresivos", ante lo que propone un conjunto de nueve estrategias de mejora. Entre ellas, Serrano destaca proveer de información al paciente sobre las causas de la depresión, su curso clínico previsible, los efectos deseados e indeseados y la duración de la terapéutica; mejorar la relación médico-paciente aumentando la comunicación, el consenso y el entendimiento mutuo; dar el mínimo de fármacos con el mínimo de comprimidos al día; anticiparse y revisar sistemáticamente los efectos secundarios; aconsejar cómo incorporar el tratamiento a la rutina diaria del paciente, o utilizar preferentemente antidepresivos del tipo ISRS en lugar de tricíclicos con el objetivo de minimizar abandonos por efectos secundarios. En resumen, la mejora del cumplimiento terapéutico en el paciente con depresión indica la necesidad de estrategias que incluyan intervenciones en educación, conducta y entorno socio-sanitario.
J. Blanch, psiquiatra del Clínico de Barcelona, destacó en la jornada sobre atención farmacéutica en el paciente con depresión, celebrada en Barcelona, la importancia del boticario en lograr un mayor cumplimiento en los pacientes con depresión y señaló la necesidad de "insistir mucho en que hay que completar el tratamiento, aunque el paciente esté asintomático, para evitar recaídas". Asimismo, apunta que no es nocivo tratar la ansiedad con antidepresivos, "siempre que se utilicen inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina", en cuyo caso el tiempo mínimo de respuesta es cercano al mes, el doble que en depresión.

martes, noviembre 28, 2006

El abordaje temprano de la depresión infanto-juvenil evita recaídas en el adulto

La depresión en la infancia y la adolescencia es complicada de diagnosticar debido a las dificultades de los pacientes para explicar los síntomas y a que a menudo se presenta acompañada de distimia, ansiedad, trastornos de la conducta y de la personalidad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y abuso de sustancias.
Boris Birmaher, profesor de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos), estima que un 2 por ciento de los niños y un 6 por ciento de los adolescentes padecen depresión. Birmaher, que impartió una conferencia en el Hospital Gregorio Marañón gracias al auspicio de la Fundación Alicia Koplowitz, explica que la duración media de la depresión en estos enfermos es de siete a nueve meses y el 90 por ciento de ellos remite a los dos años reciba o no tratamiento. Sin embargo, el 50 por ciento de los enfermos recae, la mayoría entre dos y cinco años más tarde pero existe la posibilidad de que la enfermedad continúe en la edad adulta o derive en trastorno bipolar. Birmaher defiende el abordaje temprano a través de psicoeducación, farmacoterapia e intervención psicosocial para prevenir recaídas y evitar las complicaciones de los trastornos depresivos graves (mayor riesgo de suicidio, afectación del desarrollo normal del niño o adolescente y aparición de otros problemas psíquicos). "Normalmente se administra un tratamiento concreto durante seis o doce semanas, en los siguientes seis o doce meses el paciente recibe un tratamiento de continuación para evitar recaídas y posteriormente se lleva a cabo un tratamiento de mantenimiento durante un año aproximadamente para prevenir la reaparición de la enfermedad", defiende el experto. Señala que las medidas específicas dependerán de la gravedad del trastorno y las comorbildidades asociadas. Estudios estadounidenses sugieren que la respuesta al tratamiento con antidepresivos es de un 40 al 70 por ciento, mientras que el efecto placebo y las terapias inespecíficas consiguen unas tasas de remisión de la enfermedad de entre 30 y 60 por ciento. Teniendo en cuenta esta información, Birmaher recomienda en pacientes con depresión moderada empezar con educación, apoyo y análisis de los posibles factores estresantes en el entorno familiar y la escuela. Si después de seis semanas no mejoran, habría que comenzar tratamientos más específicos. En pacientes con depresión moderada o severa aconseja tratamientos farmacológicos durante ocho o doce semanas y psicoterapia. En los casos en los que los pacientes presenten trastorno bipolar, psicosis, depresión crónica, severa o estacional (que ha de tratarse con terapia lumínica) la psicoterapia por sí sola no es suficiente.

martes, noviembre 21, 2006

Los misterios del Prozac

Prozac es un fortalecedor de la serotonina, un neurotransmisor cerebral. La serotonina fue descubierta en 1933, en el lugar menos pensado: en el intestino humano, razón por la cual se le llamó “enteramina”; de “entero”, intestino, y “amina”, una especie de proteína. En 1947 esta sustancia fue también encontrada en las plaquetas de la sangre, y entonces se ganó su nombre actual, “serotonina” (de “sero”, suero sanguíneo). Poco tiempo después la serotonina fue reportada en el cerebro humano, donde se le reconoció como “neurotransmisor” (las sustancias químicas que hacen posible la comunicación entre las neuronas, es decir, entre las células cerebrales). Pero la función de la serotonina permaneció desconocida hasta que en 1950 un grupo de investigadores comenzó a observar que los pacientes que eran tratados con dos nuevos fármacos para el tratamiento de la tuberculosis, mejoraban notablemente su estado de ánimo. Estos efectos apresuraron a los científicos a estudiar cómo era que esos fármacos afectaban los mensajeros químicos del cerebro, particularmente la serotonina. A partir de ahí se concluyó que la serotonina era un neurotransmisor estrechamente vinculado al estado de ánimo, y por lo tanto a la depresión. Las implicaciones clínicas de este descubrimiento no pasaron inadvertidas para las grandes compañías farmacéuticas, así que en 1975 los investigadores de Laboratorios Eli Lilly reportaron que habían sintetizado una sustancia que promovía la producción de serotonina en el lugar exacto del cerebro donde se requería para eliminar la depresión. La nueva sustancia fue identificada como “110140”. Once años más tarde, la “110140” recibió el nombre de Prozac, se llevó al mercado y se convirtió en uno de los más exitosos fármacos jamás creados en el ámbito de la Medicina (en 1999 representó el 26 por ciento de los ingresos de Eli Lilly, una de las más grandes compañías farmacéuticas del mundo).
Cuando salió al mercado, en 1986, el Prozac (fluoxetina) se recomendaba solamente para tratar la depresión mayor, el trastorno obsesivo-compulsivo y la bulimia nerviosa. Desde entonces se le han sumado otros usos.
El Prozac es considerado un hito en la psicofarmacología moderna, de hecho, se trata de la primera molécula antidepresiva con un buen perfil de seguridad y con efectos colaterales tolerables, lo que permitió que alcanzara una popularidad sin precedentes (no obstante el surgimiento de otros antidepresivos, el Prozac sigue siendo uno de los más vendidos).
Los liberadores de la serotonina, como el Prozac, trabajan a base de interferir en el metabolismo del cerebro. La serotonina viaja de una neurona a otra al cruzar una brecha conocida como “sinapsis”. En condiciones normales, una vez que una neurona receptora es activada por la serotonina, este químico es reabsorbido por el cerebro. Pero el Prozac interfiere con esa reabsorción, permitiendo que la serotonina permanezca más tiempo en la “sinapsis”, y como consecuencia de ello la gente se siente más feliz. Por dos razones: 1. Porque el Prozac provoca que la serotonina permanezca más tiempo de lo normal en las conexiones cerebrales. Y 2. Porque las personas deprimidas tienen niveles más bajos de serotonina que la población en general.
Investigaciones realizadas con monos adultos han permitido descubrir que el cerebro produce todo el tiempo nuevas neuronas, un proceso conocido como “neurogénesis”. Este descubrimiento le ha dado soporte a la idea de que la generación de nuevas neuronas está estrechamente vinculada al hipocampo —la región del cerebro asociada con el aprendizaje, la memoria y las emociones. Pero, ¿cuál es el impacto del Prozac en la neurogénesis? ¿Puede contribuir esta sustancia a la formación de nuevas células cerebrales? Los investigadores ya intentaron responder a estas preguntas, mediante un experimento muy sencillo: inyectaron Prozac a ratas de laboratorio, y los resultados fueron impresionantes. Las ratas elaboraron 70 por ciento más de neuronas que las que no recibieron el fármaco. Este resultado es extraordinario. ¿Quiere esto decir, que el Prozac borra la depresión debido a que mantiene ocupado el cerebro en crear más neuronas? Dicho en otras palabras, ¿existe algún vínculo entre la depresión y la neurogénesis?LA RESPUESTA ES "SI". Aparentemente una persona se deprime porque el cerebro deja de fabricar neuronas; y cuando la neurogénesis las restablece, la depresión desaparece. ¿NO LE PARECE GENIAL? Así es el Prozac, simplemente una maravilla de la Medicina moderna. De hecho el Prozac ha realizado dos grandes contribuciones a las ciencias médicas: 1. Le ha permitido a los neurólogos entender cómo funciona la química de la depresión. Y 2. Se ha convertido en una gran ayuda para las personas deprimidas.
Creado para tratar los problemas de la depresión, el Prozac ha derivado hacia otras muchas curas. Por ejemplo, se dice que es muy efectivo para tratar la eyaculación precoz (después de ser tomado por varias semanas). Pero ahora se le ha agregado un nuevo alivio: la cura del llamado “síndrome premenstrual”, un problema que afecta a millones de mujeres. Para aquellas con este síndrome, la tensión y la irritabilidad resultan tan fatigantes que llegan a interferir con la familia y el trabajo. Y muchos de los remedios ofrecidos por los médicos —dietas, ejercicios, hormonas— han fracasado en resolver el problema. Ahora, un estudio canadiense ha confirmado lo que los investigadores habían insinuado durante años: que el Prozac puede reducir los síntomas de las mujeres que sufren los casos más severos de síndrome premenstrual. En un experimento, las damas que tomaron Prozac mostraron seis veces más mejoría de sus síntomas, que aquellas que tomaron un placebo (una sustancia sin valor terapéutico). Todavía no está claro por qué el Prozac y otros depresivos funcionan para anular los síntomas premenstruales. Los resultados del estudio canadiense permitieron establecer la dosis apropiada de Prozac para lograr alivio sin los efectos colaterales del medicamento: 20 miligramos al día. Se desconoce si el Prozac recibirá la aprobación de las autoridades de Salud para ser recetado como remedio para el tratamiento del síndrome premenstrual, pero en Canadá y Estados Unidos un creciente número de médicos ya lo están recetando con este propósito. Los resultados del estudio canadiense han confirmado el amplio espectro del Prozac para tratar los síntomas más inesperados.
El fármaco tiene un problema —no hay felicidad completa. Los médicos que han recomendado el Prozac a sus pacientes, han criticado la decisión de la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos, de permitirle a Eli Lilly “no incluir una advertencia de que este fármaco puede inducir o empeorar las tendencias suicidas”. Según los entendidos, hasta un 3.5 por ciento de los pacientes deprimidos que toman Prozac parecen experimentar esos efectos. Un psiquiatra dice al respecto: “El problema es la ‘fantasía farmacológica’; es decir, la creencia de la gente de que usar fármacos puede resolver cualquier problema de salud, incluyendo los problemas mentales, sin tomar en cuenta que toda sustancia química guarda tras de sí un peligro potencial”. “En mi opinión”, continúa diciendo este señor, “antes de recetarle Prozac a un paciente con depresión, el médico debería intentar primero con terapias de conversación y con ejercicios aeróbicos, como el trote y la caminata vigorosa, por una razón muy simple: los ejercicios, al igual que el Prozac, combaten la depresión ligera, debido a que la actividad física vigorosa también estimula la producción de serotonina y la formación de nuevas neuronas. “Sin embargo, debo decir”, acepta el psiquiatra, “que los realzantes de la serotonina, como el Prozac, nos han permitido aprender mucho sobre la extraordinaria plasticidad del cerebro, y sobre la compleja interconexión de la neuroquímica con las emociones del ser humano. “De hecho, la Era del Prozac nos ha permitido comprender que la depresión es una aberración bioquímica cerebral que puede ser corregida con la sustancia química apropiada, y en este sentido el Prozac ha demostrado ser la más acertada", dice.